Ayer pensé:
que los desguaces de coches
son como los poemas
me explico:
los poemas son almacenes de palabras deshidratadas
de vez en cuando la gente humedece estas palabras al leerlas
de vez en cuando alguien toca el contorno de las palabras
de vez en cuando alguien se lleva una palabra
la hace suya
los poemas no son montones de palabras amarillas inservibles
no son despieces de cosas mayores ni mejores
los poemas son contenedores de sueños evaporados
fragmentos de nubes que se posan en los ríos del lenguaje
son la condensación vital
son la lluvia que empapa
que da vida
los poemas son ese algo misterioso que atrapa
nos refugia y nos salva
de los monstruos
de los insomnios
de nosotros
mismos
los poemas son cápsulas de tiempo inmortal a la deriva
inalterables, mágicamente inconclusas
sólo
cuando alguien abre esas cápsulas
todo cobra sentido y el círculo se cierra
ese alguien es el finalizador
acaba terminando el poema, transformándolo
le da un sentido, su propio sentido, lo hace suyo
ese alguien abrió una cápsula a la deriva
en el desván del tiempo
en la estantería de una biblioteca
de una librería
de su casa
ese alguien sin saberlo visitaba un desguace
un almacén un desierto ese algo
y encontró entre todas sus piezas
y entre sus palabras
y cogió solo lo que necesitaba
en ese precioso instante
y lo hizo suyo.
por eso ahora,
cada vez ando en un desguace de coches
dando un paseo con mi hijo
con mi viejo destornillador
buscando ese logo
que nos falta para su colección,
sonrío al ver a todas esas personas,
rebuscando entre los miles de coches
buscando esa pieza que necesitan
que les falta,
porque
son como una bandada de lectores
picoteando entre poemas.