viernes, 21 de agosto de 2020

Los desguaces de coches son como los poemas.


 

Ayer pensé:

que los desguaces de coches

son como los poemas

 

me explico:

los poemas son almacenes de palabras deshidratadas

de vez en cuando la gente humedece estas palabras al leerlas

de vez en cuando alguien toca el contorno de las palabras

de vez en cuando alguien se lleva una palabra

la hace suya

 

los poemas no son montones de palabras amarillas inservibles

no son despieces de cosas mayores     ni mejores

 

los poemas son contenedores de sueños evaporados

fragmentos de nubes que se posan en los ríos del lenguaje

son la condensación vital

son la lluvia que empapa

que da vida

 

los poemas son ese algo misterioso que atrapa

nos refugia y nos salva

de los monstruos

de los insomnios

de nosotros

mismos

 

los poemas son cápsulas de tiempo inmortal a la deriva

inalterables, mágicamente inconclusas

sólo

cuando alguien abre esas cápsulas

todo cobra sentido y el círculo se cierra

 

ese alguien es el finalizador

acaba terminando el poema, transformándolo

le da un sentido, su propio sentido, lo hace suyo

 

ese alguien abrió una cápsula a la deriva

en el desván del tiempo

en la estantería de una biblioteca

de una librería 

de su casa

 

 

 

 

 

ese alguien sin saberlo visitaba un desguace

un almacén  un desierto  ese algo 

 

y encontró entre todas sus piezas

y entre sus palabras

y cogió solo lo que necesitaba

en ese precioso instante

 

y lo hizo suyo.

 

 

por eso ahora,

cada vez ando en un desguace de coches

dando un paseo con mi hijo

con mi viejo destornillador

buscando ese logo

que nos falta para su colección,

 

sonrío al ver a todas esas personas,

rebuscando entre los miles de coches

buscando esa pieza que necesitan

que les falta,

 

porque

son como una bandada de lectores

picoteando entre poemas.