El mercurio de los días se llena de billetes de metro
dejando un rastro de estaciones huérfanas y de relojes transparentes que no entienden de horarios ni prisas de última hora
los periódicos me dan pereza
con ese absurdo idioma suyo
tan llenos de tinta
y papel bienoliente
si hago un alto en el camino
me convierto en una suerte de jardinero sin rastrillo
aro esta tierra reseca con las manos húmedas de esperanza
riego con la estela acuosa de la risa el campo
soy capaz de ver la hierba crecer
con la infinita paciencia de la naturaleza
decidle a todos esos nadies:
que hay leyendas negras
fruta madura
serpientes de tiempo
ojos repletos de viento
decidle a todos esos nadies:
que en la ensenada brilla el amargo café de las despedidas
las expectativas son materia volátil a las que hay que ponerles el cartel de
frágil
y los calendarios borrachos de días
se saltan semanas enteras
decidle a todos esos nadies:
que tengan cuidado con los espejos
esos mentirosos compulsivos atiborrados de imágenes
con los que siempre me queda la eterna duda de qué reflejo dice la verdad
decidle a todos esos nadies:
que no están solos en mitad de este árido páramo
que no teman a la música de la edad
ni a sus augurios de cuervos negros
id compañeros!
corred a contárselo a todos!
todos conocemos a algún nadie
todos somos parte de esta inmensa marea de nadies que naufragan helados por el mundo, a la deriva, por esta travesía de polvo cuántico
el tictac mecánico del escritor antes del desayuno es una estampida de cebras silenciosas
un desgarro quirúrgico del alma
un cachorro hambriento.



