martes, 8 de noviembre de 2022

Escribir es verdecer.


Escribir no es solamente hacer un poema cuando estoy triste, o un cuento fantástico o solamente hacerme terapia:
es contar lo que me está pasando sí, pero también es contar lo que les pasa a muchos otros, es imaginar un camino llenándolo de palabras, es construir realidades para todo el mundo, es escribir para mí pero también para todos los demás (incluso para los que jamás me lean) escribir es algo tan adn que no sé explicarlo con palabras exactas, así que en esta aproximación hacia lo que es escribir solo tengo seguro que es humano, la escritura es humana:
la poesía es humana, el teatro es humano, la novela es humana, el ensayo es humano… todos los géneros literarios, todo lo relacionado con escribir, con contar, con decir, con trasmitir es humano, siempre, el cien por cien de las veces.

Humano e imperfecto como soy tengo el vicio de la escritura desde hace muchísimo tiempo y casi siempre en formato poesía; luego la melancolía, la tristeza, el desamor, la soledad, el paso del tiempo y tantas otras emociones y tantas otras situaciones como motores creativos hacen el resto, parto desde un lugar concreto y la magia de la escritura hace el resto llevándome a lugares que no eran los imaginados al comienzo, y está bien que sea así, la escritura como lienzo maleable para lo que nos late fuerte por dentro y tiene que salir.

La escritura esta viva, es humana, es necesaria, es adn y vida que crece desde las palabras.



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